Orden vs. Privacidad

by @morecar89

Esta entrada es personal y es para liberar presión, si venís por contenido lingüístico, ignoradla.

Odio vivir en la casa de mis padres. Vaya esto por delante. Pasé una larga depresión post-erasmus y, ahora, recién llegado de Barcelona, espero poder irme antes de que llegue una depresión post-máster. Quiero decir con esto que si pudiese me habría emancipado ya hace mucho tiempo y vendría aquí un par de veces al año de visita, pero mientras llega el momento, que espero que sea más pronto que tarde, esto es lo que me toca.

Una de las razones de que me quiera ir de esta casa es la manía recurrente de mis padres de necesitar ocupar con sus objetos todo el espacio libre que haya en la casa, parece que le tuviesen fobia al espacio libre. A mí, que vivo recluido en una habitación de menos de 15 metros cuadrados, ya más que saturada de mis propias cosas, y que no sé cómo recoger todo para que esté en cajas y no a la vista, esto me produce una sensación de agobio. Aparte de que el hecho de que haya cientos de objetos (adornos, cuadros, libros u otros trastos indescriptibles) por casa no colabora demasiado a mi alergia a los ácaros del polvo. Sin embargo, el problema que más me saca de quicio y por el que vengo a escribir aquí hoy es otro, y está protagonizado casi absolutamente por mi madre, y su falta de respeto a la privacidad.

Como le pasará a muchas personas que tengan muchas cosas en la cabeza, mi habitación, y más especialmente mi mesa, suele estar cubierta de cosas, trastos, cables, libros, el portátil, gafas, monedas, y qué no. Mi madre no es capaz de comprender esto, que para ella es desorden, que a mí me resulta ciertamente lógico porque, aunque sólo sea por memoria, tengo localizada cada cosa, aunque el conjunto carezca de un orden particular. Ella se empeña en ordenar, es decir, en imponer SU orden en mis cosas, o como yo lo llamo a veces, esconder mis cosas en los sitios donde a ella le parece que tienen que ir pero en los que yo jamás las encontraré sin preguntarle a ella primero.

En las temporadas en las que estoy en casa puedo limitar esto haciendo que no entre en mi cuarto, aunque le cuesta comprender que los demás puedan tener un espacio en el que ella no debe interferir. No obstante, es cuando no estoy en casa que esto se vuelve peor, concretamente desde que me fui a Barcelona en septiembre de 2013 ha tenido dos “brotes” gordos. En septiembre de 2013 me fui de casa bastante precipitadamente (presenté el PFC en Santander 5 días antes de empezar el máster en Barcelona) dejando mi cuarto tal cual estaba. Sin mí en casa no pudo resistirse y entró enmi cuarto, cogió todo lo que había sobre mi mesa y lo vertió en una bolsa, por falta de una palabra mejor. Sólo se salvó lo que tenía un cable que lo conectase a algo, como el teclado del ordenador, pero el ratón inalambrico fue a la bolsa de la discordia. La segunda vez fue incluso peor, cuando me fui a Barcelona a finales de mayo, repitió esto, pero en lugar de verter todo en una bolsa, lo echó a la papelera sin mirar que estuviese vacía. Es decir, me he encontrado mi suplemento europeo del título de ingeniería arrugado y mezclado con basura.

Estoy bastante indignado con lo que cuento, pero escribo esto porque hoy, cuando necesitaba usar el escáner, me he pasado dos horas buscando por todas partes la fuente de alimentación y el cable: en la caja del escaner, en mi caja de los cables, en la caja en la que mi padre pone los cables que saca de mi caja de los cables para no tener que enrollarlos y guardarlos correctamente de donde los sacó… en fin, en todas partes que s eme ha ocurrido. El cargador estaba en una bolsa colgada del perchero en la que mi madre ha ido echando todas las cosas que no sabe para que son y que no le gusta ver en el sitio en que yo las he puesto.

En días como hoy, pienso que menos mal que soy informático que es una profesión que me debería permitir emanciparme ya, porque si no ya habría terminado viviendo con alguna de mis abuelas, que con casi 80 años son mucho más sensatas en saber qué espacio de privacidad dejar a los demás.